Los chalatecos en las cortas de café

Colaboración de don José Mónico Monge.

Chalatenango no ha sido productor de café, pero sí de gente que se iba en las temporadas a las cortas, entre los cuales yo fui uno que junto a los paisanos de mi pueblo Ojos de Agua. Casi toda la gente se iba en camiones o en el bus en un viaje que podía durar algunos días, llevando cobijas, abrigos, un bote para agua.

La temporada empezaba por allí por mediados de octubre y la gente regresaba ya casi al final del año para pasar la navidad y año nuevo con su familia. Con el dinero ganado compraban los estrenos de los hijos y si sobraba lo ocupaban para comprarse unos cuantos cuetes.

Los chalatecos en las cortas de café

Las cortas de café eran otra aventura, donde se regresaba como con 10 o 15 libras de peso menos, los de Ojos de Agua la mayoría nos íbamos a la finca Manizales que queda por El Congo, Santa Ana. Allí ya éramos conocidos y siempre nos empleaban.

Había una galera que era donde se instalaban la mayoría haciendo sus tendidos para dormir, otros pedían a los colonos dejarles dormir en el corredor de sus casas y otros pedían bolsas plásticas en la oficina de la finca, de las plásticas que venía el abono, y con ellas se construían pequeñas tiendas de campaña o champitas.

Los chalatecos en las cortas de café
Los portales de la ciudad de Chalatenango eran un alojamiento para quienes venían del norte del departamento e iban de paso a las cortas de café.

Y allí dormíamos. Nos levantábamos a las 5 de la mañana a recibir el costal que nos daba la finca, el canasto lo comprábamos nosotros, también nos daban el desayuno que consistía en una tortillona hecha a máquina, más o menos del tamaño de un plato era la tortilla, y un cucharonazo de frijoles que nos echaban sobre ella. Algunas mujeres eran contratadas para estar echando tortillas y trabajando en la cocina.

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Luego nos íbamos a recibir el surco que teníamos que cortar, y empezábamos por allí por las 7 am. Cuando era el medio día llegaba una troca y usando un caracol o un cuerno como trompeta, lo sonaban y se escuchaba a lo lejos y era el llamado a ir a recibir el almuerzo, que consistía en dos tortillas de las mismas del desayuno y uno o dos cucharonazos de frijoles encima, algunos compraban queso para agregarle algo a los frijoles.

Recibiendo los alimentos en las cortas de café.

Muchos chalatecos también andaban bofe para comer y por eso fuimos bastante conocidos en esa época como chalatecos come bofe.

Luego regresábamos del almuerzo a hacer la pepena, que es recoger el café que se ha caído, ya sea mientras se corta o que se haya caído de alguna otra forma, dejábamos barrido el zurco y la basura se acumulaba a la orilla de cada palo de café.

Cuando terminábamos de cortar el zurco, el caporal iba a recibir el zurco, y revisaba bien cada palo de café que no quedara nada y con un palo que cargaba en forma de gancho con el cual ayudaba a algunos a bajar ramas que estaban altas, con ese mismo en la otra punta terminaba en forma de V y con eso le daba vuelta a la basura acumulada, para revisar que en el suelo no quedara ni un grano tirado y los que encontraba nos hacía que lo recogiéramos.

Después de la pepena seguía la escogida, se tendía una carpeta y se vaciaba lo cortado y se escogía el café verde del maduro, algunos pagaban el café verde cortado, otros no.

Escogiendo el café verde y el maduro.

A las 2 ó 3 de la tarde teníamos que salir del cafetal con el saco sobre el hombro batallando con los arboles de café, y lo llevábamos a una placita que le llamaban la plazuela que es donde pesaban el café, cada tablón de café tenía su plazuela, en algunas veces lo pesaban en bascula, otras veces solo poníamos en fila el saco, en orden de número que teníamos, y no lo pesaban sino que con el saco abierto le metían una vara de metal y según el nivel allí tenía la vara de metal marcado cuantas arrobas contenía cada saco.

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Regresábamos e íbamos a recibir la porción de cena que era otra tortilla con frijoles, solo se descansaba el día de pago que era cada 15 días, se trabajaba el sábado hasta el mediodía, y el domingo era el día de pago, algunos se iban de paseo, otros eran contratados por fincas particulares para cortar el café ese día domingo y ganar un poco más.

En las noches algunos llevaban guitarras y tocaban música antes de acostarse, uno de las experiencias difíciles era cortar en los tablones que estaban cerca de donde la gente dormía, porque esos tablones la gente los utilizaba para ir a hacer sus necesidades fisiológicas.

La gente hacia fogatas, hacían café, otros se ponían a jugar barajas, algunos mientras estaban cortando tenían su radio puesto a todo volumen, lo cual hacia menos tedioso aquel día laboral, algunos en las cortas se enamoraron con alguna muchacha que también andaba en las cortas, y muchos hogares existen de haber conocido a la mujer de su vida en las cortas de café.

Fueron años que yo llevo gratos recuerdos…

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