La masacre del Sumpul (1980)

La masacre del Sumpul es uno de esos pasajes tristes de la historia de Chalatenango que sucedió cuando iniciaba el conflicto armado en El Salvador en la década de los ochentas, una guerra que cobró la vida de más de 75 mil salvadoreños.

Chalatenango fue uno de los departamentos más afectados por la guerra, debido a ello muchos de sus habitantes tuvieron que emigrar a otros lugares del país o a Estados Unidos para proteger sus vidas y la de sus familiares.

Las desigualdades sociales y la constante violación de los derechos humanos están catalogadas como las principales causas que llevaron al conflicto entre la guerrilla y las fuerzas armadas, sin embargo ese conflicto también causó la pérdida de vidas humanas inocentes.

La masacre del Sumpul (1980)

El informe

Según lo relatado en el Informe de la Comisión de la Verdad (1993), el 14 de mayo de 1980, contingentes del Destacamento Militar Número 1, de la Guardia Nacional y de la paramilitar Organización Democrática Nacional (ORDEN), dieron muerte deliberadamente a un número de al menos 300 personas campesinas no combatientes, entre las cuales se incluyen mujeres y niños, que intentaban cruzar el río Sumpul, en el lado del caserío de Las Aradas, del Cantón Yurique, municipio de Ojos de Agua, en el departamento de Chalatenango, un lugar fronterizo con Honduras.

Un operativo militar se había iniciado un día antes en la zona, en el que las fuerzas militares cometieron actos de violencia contra la población civil, lo que ocasionó la huida de numerosas familias.

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Los pobladores desplazados por el operativo intentaron cruzar el río Sumpul para refugiarse en Honduras, pero las tropas hondureñas les impidieron el paso hacia ese país y fueron muertos por las tropas salvadoreñas que abrieron fuego deliberadamente sobre ellos.

¿Cuál era el objetivo militar?

El objetivo del operativo era forzar a los pobladores civiles a desplazarse hacia el caserío Las Aradas, con el fin de realizar ejecuciones sumarias y arbitrarias, masivas de personas, en ese lugar.

Los campesinos desplazados llegaron a Las Aradas a tempranas horas del 14 de mayo de 1980.

Desde la fecha anterior, 13 de mayo de 1980, un contingente de aproximadamente 150 soldados hondureños, pertenecientes al Doceavo Batallón con sede en la ciudad de Santa Rosa de Copán, formaron un cerco militar de contención en las aldeas de Santa Lucía y San José, pertenecientes al municipio de Guarita, Departamento de Lempira, República de Honduras.

El cerco de contención cubría precisamente la línea fronteriza que demarca el río Sumpul, frente al caserío Las Aradas. Los militares referidos procedieron a asesinar a todas las personas que tuvieron a su alcance entre adultos, hombres y mujeres, niños y ancianos.

Muchos de estos crímenes se produjeron con desmedida brutalidad, como fue el asesinato de menores de edad y mujeres embarazadas con machetes y cuchillos militares, así como ametrallamientos indiscriminados en los cuales participaron tropas de infantería y helicópteros de la Fuerza Aérea Salvadoreña.

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El ejército hondureño fue partícipe del operativo militar, en el sentido de contener la posible huida de los campesinos y campesinas. También entregaron a los militares salvadoreños a aquellas personas que lograron ingresar a territorio hondureño para salvar su vida de esta matanza en el río Sumpul.

Desde este suceso, el río Sumpul, que no era muy conocido en la geografía nacional, comenzó a ser relacionado con la infame masacre.

Recordando la historia

El 14 de mayo de  2012, el día de la conmemoración del 32 aniversario de este suceso, funcionarios de la Secretaría de la Cultura (SECULTURA) leyeron un acta por medio de la cual se declaraba como “Bien Cultural Protegido” a Las Aradas.

Esta iniciativa fue impulsada por el Comité de Repoblación de la zona y otras organizaciones cívicas.

Cada año, en esta misma fecha, algunos de los sobrevivientes  sobreviviente que huyeron, aferrados a una orilla distante de los uniformados y se perdieron entre los espesos bosques de aquella época, recuerdan la historia junto a centenares de personas que conmemoran la masacre del Sumpul y apoyan la lucha para que este asesinato masivo no quede en la impunidad.

 

Compartimos la información anterior no con el fin de generar debates sin sentido, sino con el objetivo de que las nuevas generaciones puedan conocer la historia que como pueblo hemos vivido, una historia que no debería volver a repetirse.


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